
Vivimos en una época donde el capitalismo ya no se contenta con explotar la fuerza de trabajo: ahora extrae el alma. El capitalismo de vigilancia, un régimen económico que no produce mercancías materiales, sino conductas predecibles. No vende objetos, sino acceso a nuestros hábitos, emociones y deseos más íntimos. Lo que antes eran espacios privados el ocio, la amistad, el amor, el descanso se han convertido en minas de datos, gestionadas por algoritmos que aprenden más de nosotros que nosotros mismos. Pero claramente, dónde hay relaciones de dominación, hay relaciones de resistencia, desde el código libre, las aplicaciones alternativas, los entornos digitales auto gestionados, hasta la colectivizacion del conocimiento y recursos como un acto de emancipación colectiva.



Lo que pasó en el 